Calzador metálico Tarrago
Referencia TCV46000A000A
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El accesorio que alarga la vida de un zapato
Hay una sola cosa que estropea un zapato antes que caminar con él: calzárselo mal. Meter el pie forzando con el dedo o pisando el talón aplasta el contrafuerte —esa pieza rígida que va entre el forro y la piel y que da forma a la parte trasera— y una vez que el contrafuerte se dobla, no vuelve. El zapato empieza a bailar en el talón y termina descartado por incómodo mucho antes de que la suela se gaste.
El calzador metálico Tarrago resuelve eso con un gesto de dos segundos. Gracias a su forma, los pies se deslizan con facilidad y se reduce el desgaste del talón. Es el accesorio más barato del cuidado del calzado y probablemente el que más devuelve por euro invertido.
Cómo se usa
- Afloja los cordones o la hebilla antes de empezar. Un zapato cerrado obliga a forzar.
- Coloca el calzador dentro del zapato, apoyado en el interior del talón.
- Introduce el pie deslizándolo por la cara cóncava del calzador.
- Retira el calzador cuando el talón ya esté dentro.
- Ata después: el zapato se ajusta al pie, no al revés.
Para qué calzado sirve
- Zapato de vestir de cuero, donde el contrafuerte es firme.
- Botines y calzado de caña baja.
- Zapatillas de piel con talón estructurado.
- En general, cualquier par que cueste un poco calzar.
El resultado
El pie entra sin forzar y el talón del zapato conserva su forma con el paso de los años. En un par de uso diario, la diferencia se aprecia al cabo de la primera temporada: el contrafuerte sigue firme y el zapato sigue sujetando.
Un apunte
Si el calzado que más usas es de caña alta, además de este te conviene un calzador largo, que llega al fondo de la bota sin tener que agacharte. Este formato metálico es el de uso corriente y el que se deja en la entrada de casa: se vende en blíster y se puede regalar tal cual.








